martes, 30 de agosto de 2011

Lápices de cera de color verde

Quiero contarles algo. Cuando niño, mi papá no estaba con nosotros. Estaba relegado, y nos mandaba cartas.

(Si algún estúpido aparece con la cantinela de que no era una blanca paloma, le aclaro que, incluso bajo esa lógica retorcida, lo único que hizo fue ser un buen periodista: fotografiar donde otros no querían, despachar sobre lo que veía, firmar junto a otros profesionales de Arica una declaración pública contra la dictadura).

Las cartas tenían dibujos que hasta hoy recuerdo más que sus palabras: trazos torpes y gruesos, monigotes sonriente hechos con lápices de cera. Y los colores describían un mundo increíble, tan exótico como puede serlo el sur profundo para un niño criado en el desierto. Rojo y negro para el vino, café oscuro para los árboles y cabañas, azul para los ríos. Hasta hoy esos dibujos son un refugio en el corazón y una guía de viaje hacia ese bosque que crecí añorando, esos cerros que, a diferencia de los del desierto, tenían que pintarse con capas y capas de verde, un color sencillo que evocaba el aliento fresco de las hojas, el rumor húmedo y quieto que sólo conocería años después.

En lápiz verde también estaban dibujados los pacos.

Eran pacos rasos, campesinos como mis bisabuelos, bonachones y medio pesados a veces. En algún dibujo, creo, imagino, aparecían comiendo todos, relegados y pacos que los cuidaban, en la misma mesa. En alguna crónica que leí décadas más tarde, mi papá también recuperaba eso, la buena onda de los pacos rasos, muchos de ellos obligados a un rol que no querían, esperando que pasaran los años malos. Puedo dar fe: a pesar de todo lo que nos hicieron ellos y los milicos, mi viejo nos educó a no tenerles miedo, a no demonizarlos.

No resultó. Al menos lo primero. Sigo creyendo que el odio es una actitud indigna y estéril, y evitándolo. Ojalá pudiera decir lo mismo del miedo y de su hija, la violencia. Era difícil crecer sin miedo a los pacos en esos años, como bien lo saben todos de mi generación para arriba, como bien lo siguen sabiendo en estos años "democráticos" los niños de las poblaciones, como han felizmente ignorado las generaciones nuevas que hoy están cambiando el país.

Acá se acaban las evocaciones y comienza la lucidez. Sabemos lo que ocurre. No podemos sostener más tiempo la mascarada. Acabo de ver el video del General Gordon indignándose por televisión contra los pacos rasos que, según él, le mintieron y enlodaron a su noble institución. Y le pregunto, General: ¿espera que le creamos? ¿Espera que neguemos los informes internacionales, las múltiples denuncias, el estudio de la FLACSO sobre 56 casos de violencia excesiva acabada en muerte, el testimonio de los mapuche en el sur, la evidencia donde se oye "Métele Balazo" antes de matar a Matías Catrileo, las noticias sobre asesinos de uniforme con condenas rebajadas que siguen en su trabajo, el ocultamiento de evidencia, la mentira y el montaje, sus justificaciones a la violencia excesiva? ¿Esperan que todos los videos que hemos visto en estos días con los excesos nos hagan pensar que son excepciones, y no una política de estado?

Por estos días corre un hashtag en twitter titulado #RenunciaHinzpeter, aludiendo a la cobardía de un ministro que no quiere asumir sus responsabilidades. La lucidez no se apaga, y la mascarada se sigue cayendo: todas esas muertes a manos de carabineros fueron hechas en democracia. En los gobiernos de la Concertación fue que se ampararon los casos que he enlazado en el párrafo anterior. En el gobierno de Bachelet, esa señora de mirada cariñosa y acogedora, se profundizó la militarización de la Araucanía, se utilizó como política estatal contra delitos comunes la Ley Antiterrorista promulgada por Pinochet. No recuerdo a ninguno de los ministros y parlamentarios concertacionistas exigir la renuncia de los ministros del interior por esas muertes a manos de Carabineros.

Todos los sabemos. Cincuenta estornudos por hora no son hechos aislados, son una gripe. Todas estas muertes son posibles porque existe un andamiaje institucional profundamente represor y antidemocrático en las instituciones que hemos formado o cuya formación hemos soportado sin chistar. Una violencia que está presente y que nos es fácil ignorar. Acá hablo por los que estamos más cerca de tener la responsabilidad, los profesionales y clases medias que vivimos en Santiago y estamos lejos del poder pero aún mucho más cerca que las mayorías excluidas que a duras penas se abren espacio. Nos es fácil ignorarla porque le toca a los otros, a los Mapuche en el sur, a los hijos de la desesperación en las poblaciones. Nos es fácil no profundizar porque la información y evidencia flagrante de estos casos no aparece en Informe Especial ni en La Tercera ni El Mercurio. Nos es fácil seguir el cuento porque queremos mantener la idea de que esto no ocurre, de que los pacos nos protegen de los otros, los violentos, los marginales, los locos. Tienen que venir a correr la línea un poco y gasearnos todo el centro y llenarnos YouTube de evidencia para que les creamos. Tiene que morir un niño que llevaba a su hermano parapléjico a ver las protestas en su propio barrio, así de inocente, para que se caiga la mentira de que los muertos 'son los que están haciendo una guerra', 'obligaron a actuar a carabineros', 'no eran blancas palomas'.

Murió este niño esta semana, pero la razón y el recuerdo y la lucidez nos impiden creerles que son 'hechos aislados'. No le creemos las lágrimas de cocodrilo a ese general cobarde que usa su falsa indignación para ocultarnos el secreto a voces de sus prácticas violentas. No le creemos a ese ministro que opina que la muerte de un tipo de ser humano es más grave que la de otro. Y tampoco le creemos a los oportunistas que callaron cuando en su gobierno "democrático" ocurrían y se amparaban estos mismos hechos. No les creemos sus palabras. Demandamos sus acciones. Exigimos que cambien de verdad.

El miedo que tuve durante años a carabineros fue cediendo, junto con el de la ciudadanía completa, según contaron las encuestas, a una aceptación de su rol necesario, de su forma cuadrada de pensar, de sus buenas intenciones. He visto niños en jardines volver a cantar la canción del Carabinero, recibirlos en los colegio, pintar dibujos sobre ellos con los mismos lápices de cera verde que yo vi cuando tenía 3 años. Ahora miles de carabineros honestos, de esos que trabajan de sol a sol por un bajo sueldo, van a volver a ser temidos en las calles y apuntados con el dedo o con armas. No pueden quejarse porque no tienen derecho a asociación, algo totalmente innecesario en una policía que no está en guerra sino que debe proteger a la población. Es por ellos, y por el miedo que ahora vuelvo a sentir y la pena que me da haber perdido ese triunfo sobre el miedo, que esas responsabilidades políticas deben asumirse. Es por eso que los que vivimos lejos de estos casos no podemos seguirlos ignorando. Mientras nuestras sociedades no cambien y no podamos renunciar a tener policías, debemos asegurarnos de que podemos confiar, aunque sea un poco en ellos.

Es esa confianza la que el ministro Hinzpeter no puede entregarnos y Bachelet no podrá prometernos cuando vuelva a pedir nuestros votos. Esa necesidad de creer que los asesinatos de carabineros son hechos aislados y no políticas institucionales secretas amparadas por el estado. El miedo y la violencia están en todas partes hoy, dentro de cada persona, de cada institución, y todos sabemos qué nos toca en esa pelea. Enfrentar las injusticias económicas y sociales es una parte. Otra: asegurarnos que lo que llamamos estado de derecho no tenga excepciones con los mapuche, con los que se manifiestan, con los marginados, con los que no estamos de acuerdo con el modelo y queremos cambiarlo. Para mí significa recordar que, por más que a algunos les parezca legítimo salir a quemar el mundo como respuesta a la injusticia y sea difícil convencerlos de seguir aguantando, todavía podemos y debemos seguir intentando sin odio, sin miedo, sin violencia, lograr de frente los cambios que necesitamos para que este país merezca algún día su justicia, su libertad, y esa línea de su himno que dice: el asilo contra la opresión.

lunes, 28 de marzo de 2011

La crítica según Judith Butler

Hay un cierto nuevo rumbo de lo humano que se da con el fin de iniciar el proceso de rehacer lo humano. Yo puedo sentir que sin ciertos rasgos reconocibles no puedo vivir. Pero también puedo sentir que los términos por los que soy reconocida convierten mi vida en inhabitable. Ésta es la coyuntura de la cual emerge la crítica, entendiendo la crítica como un cuestionamiento de los términos que restringen la vida con el objetivo de abrir la posibilidad de modos diferentes de vidas; en otras palabras, no para celebrar la diferencia en sí misma, sino para establecer condiciones más incluyentes que cobijen y mantengan la vida que se resiste a los modelos de asimilación.
Judith Butler, en "Deshacer el género", vía Wanda's Empire.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Balance 2010: Piñera en el país de los no-sujetos

El ánimo en las calles: se termina este año de mierda, este 2010 plagado de desastres sociales y personales, crucemos los dedos para este próximo año. Como un buen optimista-realista me alegro de la útil ilusión de pensar que una fecha arbitraria puede cambiar nuestra suerte, y me sumo a la celebración.

Ahora, tuvimos un terremoto y muertos como nunca, tuvimos mala salud y los desastres de siempre. Nada de eso se compara al principal desastre del último tiempo: la llegada democrática de Sebastián Piñera al poder y el enseñoreamiento de la derecha en las pocas instituciones que le faltaba por dominar. Ante eso, debería quedar claro que no hablamos de un cambio de suerte, algo que mágicamente se produjo hace casi un año, de un accidente. El hecho de que Frei fuera de candidato de la Concertación dejaba claro (visto en retrospectiva, por supuesto) que se venía la profundización de todo aquello que estaba creciendo año tras año con esa mezcla muy chilena de desparpajo y pudor: un fascismo-liberalismo aniquilador del espíritu crítico y de la dignidad de las personas que se toma el sentido común y se instala a vivir ahí, en los discursos que transmiten las antenas de televisión, en las pantallas e interfaces que cada día tratan de sobrecargar nuestra experiencia, en las relaciones laborales o vecinales con los otros.

Hoy el país es más pobre que antes, aunque queda claro que ese proceso no comenzó en enero de este año. Somos pobres cívicamente, pobres emocionalmente, pobres en salud mental y en poder y dignidad. Sobre todo en poder y dignidad. Recuerdo un lúcido fragmento de "Mano de obra" de Diamela Eltit en "Mano de obra", donde el grupo de trabajadores del Líder (no lo dicen, pero es la cadena de supermercados Líder) se enoja, se indigna, se aterroriza con la intención de uno de ellos de formar un sindicato.

Lo maravilloso de la historia es que estos trabajadores explotados no sólo están en desacuerdo, sino que no se lo explican, no tienen una explicación racional para el comportamiento de este proto sindicalista desarraigado: para ellos es tan alienígena como promover la religión Jedi o intentar invocar a los muertos con el Necronomicón. Terminan diciendo que el tipo es malo, malo de adentro, y que esa es la única explicación posible para que alguien quiera hacer algo así.

Está lejos de mi intención rasgar vestiduras o criticar a esos personajes. Mi caso personal: en algún momento, en un lugar donde trabajaba, vino a vernos la señora que hacía el aseo en nuestro piso. Siempre conversábamos con ella, y así sabíamos que las condiciones laborales con las que trabajaba no eran muy dignas. Quizás estaban pagadas de acuerdo al mercado, pero además del sueldo mínimo (y hay gente que quiere pagar menos que eso) estaba el problema de que no podían tener licencia, o de que cuando tuvo un accidente laboral no le dieron permiso para ir a la mutual de seguridad sino que le pagaron a la posta y le dieron la mitad de días de permiso de los que el médico le recetó. Todo eso sirve de contexto para volver al momento en que fue a vernos esta mujer y nos pidió un consejo, a mí y mis colegas, profesionales, relativamente bien pagados, o al menos pagados como parte del último quintil. Su pregunta era: ¿me uno o no a las otras señoras del aseo que están formando un sindicato?

Me miro con mis colegas y no sé qué hacer. ¿Qué le vamos a decir? Sí, aguante, forme un sindicato, luche por sus derechos y su libertad y su dignidad o enfrente la muerte. Obviamente es más fácil para mí decirlo sin tener esa situación de mierda, esa posibilidad de ser fácilmente sustituida por otra persona. Más fácil para mí hacerlo en cuanto mis posibilidades de encontrar otro trabajo si pierdo el mío sin normales. ¿Pero cómo actuar responsablemente en este caso en particular?

No hay solución, no la había. Le dijimos que si quería hacerlo, que lo hiciera, pero con cuidado. Que no estuviera en la primera línea. Que si alguien lo estaba haciendo, la apoyara, pero que tuviera cuidado. Cuidado. Cuidado. Que si tenía algún problema que nos dijera.

Una semana más tarde nos contó que, al cuartucho donde guardaban sus cosas y se reunían las aseadoras (un cuartucho que daba a una escalera en el último piso de mi ciudad gris por fuera y por dentro) llegó como una tromba una mina de la administración central de la pyme de aseo (una empresa familiar que daba servicios de aseo a muchos edificios) a preguntar, indignada, emputecida, furiosa, a quién se le había ocurrido la idea de hacer el sindicato. Pidió la lista de gente que estaba inscrita, amenazó con removerlas a todas a edificios diferentes, o echarlas a todas sin contemplación ni indemnización. El caso se resolvió en la remoción de la alborotadora que había comenzado la idea, y en la lucha sindical con un objetivo único y finalmente obtenido: la destrucción y no entrega de la lista de inscritas.

La señora se salvó, al menos en ese momento. Nosotros estábamos viendo otras luchas, luchas donde la contraparte no tenía rostro ni maldad, sino simple estupidez y burocracia. El año avanzó, pasaron los meses, los ejemplos de esta anécdota se hicieron más visibles con esta misma forma: desempoderamiento, falta de dignidad, a todo nivel, a toda escala. Desde una ex coalición de gobierno transformada en una serie de reclamos por estupideces, una oposición al gobierno centrada en la dislexia del presidente, una izquierda que recién se daba cuenta de que nadie la pescaba, una capa de ilustrados pensando en cómo salvar su pellejo y su autoestima atacando al enemigo por ser enemigo, como si ser facho fuera un defecto que se pudiera curar antes que una forma de ver el mundo a la que debemos oponernos y combatir.

Y los reclamos. El "este" país. El lamento porque la derecha es tan derechista, las críticas al gobierno por querer hacer lo que siempre dijeron que iban a hacer. El reclamo a las élites por comportarse como élites. La petición al presidente de que sea menos él, menos consecuente con sus propia historia, de que no sea tan eficiente en construir el camino para el Chile y el mundo que están soñando, este post-fundo tardocapitalista donde todas las personas y las relaciones humanas y las instituciones son limones hechos de centavos que hay que estrujar lo más que se pueda.

Lo veo en las columnas de gente ilustrada y con postgrados que se queja al gobierno por ser elitistas en su nueva reforma a las Becas Chile y exige más meritocracia. Lo veo en la gente que exprime su tarjeta líder para comprar ahora los cuadernos de sus cabros chicos para el próximo año.

Gente, de clase baja y de clase alta, sin estudios o ilustrada, que cree en la meritocracia, en las libertades individuales, en los derechos civiles y en el estado laico, pero no cree en las luchas sociales. Gente que cree que esas cosas llegaron con los siglos, como llegan las estaciones del año, y no que hubo gente matándose o exprimiendo su inteligencia o defendiendo en selvas y congresos su posición y sus dignididades. Gente que habla en neutro, en cosas que "se" logran y en un país donde "se" avanza, y no usa el sujeto para nada.

Gente que quiere renunciar a ser sujeto. Y mira tú qué novedoso: lo estamos logrando. Hay toda una nueva forma de gobernar que nos ayuda.

Gente que tiene la idea de que la situación mejora porque uno pide que mejore. Y si pide con bastante fuerza, como se le piden las cosas al Viejito Pascuero, puede que ocurra así.

Pero somos adultos y lo sabemos, aunque cueste admitirlo: el Viejito Pascuero, simplemente, no existe.


sábado, 6 de noviembre de 2010

Chil3 - Relación del Reyno (y otro texto ucrónico)


Ediciones B lanzó ayer el libro Chil3: Relación del Reyno, una antología de textos de diferentes autores basada en la idea de ofrecer versiones alternativas de la historia de Chile (a.k.a. ucronías).

Entre los antologados estoy yo.


Los antologadores son mi amigo Jorge Baradit, más Álvaro Bisama, Mike Wilson y Francisco Ortega. Entre los antologados hay gente más o menos tan desconocida como yo y otros de cierta famta internacional como Edmundo Paz Soldán y Rodrigo Fresán (cuyo breve texto es buenísimo). El libro no sólo tiene textos, sino también ilustraciones ucrónicas de Carlos Eulefi y un micro comic de Claudio Alvarex.

Fui ayer al lanzamiento y hoy estoy leyendo el libro.
¿Was I asleep? ¿Had I slept?
Está lleno de juegos, intervenciones y exploraciones a la estética de lo incorrecto, de lo corregido, de lo apócrifo. Una estética de las huellas del enfrentamiento entre lo censurado y lo superviviente o resistente a esa censura. Todo eso en el plano estético.

Creo que me gusta. De todas maneras es absolutamente recomendable: la multiplicidad de voces funciona como una pérdida de pudor y freno en las costumbres habituales de la ciencia ficción. Es como el zumbido que percibiría un telépata en una convención de nerds asistentes a una feria de ciencia ficción en los años sesenta en U.S.A., trasladados sin saberlo a un espacio chileno (con toda la carga de censuras internalizadas que esta nacionalidad implica), un espacio donde otras historias comienzan a presionar para aparecer y dialogar con la tradición de la experimentación lisérgica de los viajes temporales, de la sorpresa del vacío, del temor dibujado en figuras que no existen para explicar cosas que no se pueden nombrar.

En fin, ésas son divagaciones basadas tan sólo en lo que recuerdo del blog colectivo UcroníaChile de donde salió buena parte de los textos que forman el libro.

Mi texto se llama "Tunguska 08", y releyéndolo puedo decir que es entretenido y no desluce al lado del conjunto. También puedo decir que me despierta muchas preguntas (siempre tengo muchas preguntas) sobre hacia dónde apuntan los textos que hago acá o en thelifeofthemind.tumblr.com, fragmentos que para mí funcionan como una búsqueda, la necesidad de mirar y mirar y mirar un elemento del paisaje o de la historia para encontrar (tras mirar con mucha fuerza) algo que explique la totalidad.

Ahora que los antologadores decidieron inmortalizar en papel ese texto, puedo compartirles otro de mis cuentos que estaba en el blog, y que era mi favorito.

Ah, y compren el libro, léanlo o regálenlo para navidad.

El otro texto, acá:

Apoquindo

El dibujante Christiano, cuya obra admiro, citó en su blog a este blog, particularmente a un relato que yo escribí. Retoma un hecho que, como muchos, pero no como todos, sigue ocurriendo en la eternidad: el tiroteo de la policía a miembros del movimiento Lautaro sobre una micro en Apoquindo, en 1993. Los lautaristas acababan de asaltar un banco y huían en una micro. Carabineros subió y disparó, transformando en colador a los lautaristas, al vehículo y a un par de civiles, porque la micro estaba llena de civiles que pedían a gritos que no dispararan. Horas más tarde Enrique Krauss, ministro del Interior, presentó su renuncia, pero el presidente Aylwin no la aceptó, y declaró que justificaba plenamente el actuar de carabineros.

No soy exacto en este relato. Para algunos cada palabra y cada declaración y cada impacto de bala está grabado a fuego en sus recuerdos. Para mí el asunto se desdibuja, porque a la vez que se inscribe en la eternidad de forma indeleble sus bordes tiemblan y se pierden. En mi anterior ucronía refería, al pasar, cómo una de las balas llevaba una información importante que viajaba de formas no tradicionales, se diría mágicas, desde una persona a otra a lo largo de los años. Como casi todos los relatos, incluso los fantásticos, éste no lo inventé. Tampoco lo observé, lo que también es usual. Me lo contó alguien. Un niño.

El lazo que nos unía es obvio, y duró sólo un par de meses. En ese tiempo lo vi unas tres veces, y hablamos a fondo sólo la última. Era un niño que el 2007 tenía once años y vivía en La Florida. Un pokemón, como se llegó a decir en Chile a los púberes de estos días. Confuso y ofuscado, enojón y tímido, pero también asustado. No soy bueno hablando con la gente, así que menos me sale hablar con los niños, pero encontramos un punto en común cuando me mostró sus dibujos. Cómics, me dijo. Tras comentar un par de títulos entendí que ni él ni yo habíamos leído mucho del género, pero que a ambos nos gustaba la idea: dibujos y textos, poesía verbal y poesía en trazos, películas congeladas en un ángulo imposible. No lo dijo así él, obvio. Lo pensé yo. Lo que él hizo fue, después de un rato, mostrarme los dibujos de la gran obra que tenía planeada.

"Es la aventura de un superhéroe", me dijo, y me lo mostró: un joven poco destacable con ojos japoneses. Pero junto al único y rayado dibujo del héroe estaban los villanos. Grandes, con hojas borroneadas completas para ellos solos, dibujados con grafitos gruesos y pintura y acuarela sobre un confuso bosquejo de lapiceras bic negros y azules. No soy artista plástico pero alcancé a darme cuenta de que no tenía mucha técnica. Y no soy psicólogo pero alcancé a darme cuenta de que había algo profundo y sórdido saliendo a través de esos dibujos. Y tengo las emociones un poco congeladas pero alcancé a notar que detrás de esos villanos deformes había algo pugnando por hablar, una historia de esas que no pueden contarse y que quedan en imágenes, en bocetos frustrantes, en citas falsas a otras personas.

El pokemón me comenzó a contar sobre cada uno de sus monstruos. La mayoría eran militares: mezcla de marine de película gringa y gordo chileno grosero y grasiento. Eran militares en rasgos como una insignia sobre una sombra de sangre, o una gorra con estrellas partida en trozos viscosos. Llevaban cuchillos largos como brazos, tenazas que "te dan electricidad y te matan", metralletas con varios cañones retorcidos, ratas grises con sonrisas pepsodent mordiendo manchas rosadas en las piernas de mujeres. Sí, ratas entre las piernas de mujeres. Pero también estaban los otros. "Son todos fantasmas", me dijo el niño. Los otros eran fantasmas blancos que no mataban con sus manos pero asustaban y te hacían perder el alma. Tenían heridas por todo el cuerpo de donde salían niñas que gritaban y le mordían el cuello a la gente, y cigarros encendidos saliéndoles de los ojos y algunos estrangulaban a otros con cosas rojas que, según me dijo el niño, eran banderas. Y todos ocupaban hojas y hojas de oscuridad, de confusión y de recuerdos, porque eran recuerdos, porque mi amiguito me explicaba la historia cerrando los ojos para recordar mejor.

La historia no tenía mucha forma, como ya dije. El no la tenía clara: se suponía que en algún momento, al final, llegaba su héroe (el que tenía un solo dibujo ocupando una pequeña hoja en blanco, perdida entre los croquis de los villanos) y los vencía y todo terminaba bien, pero él no tenía claro cómo iba a ser, y sólo sabía que sería al final de toda su historia. Y en la historia se demoraba en peripecias donde los villanos-fantasmas querían destruir la ciudad, salían de las alcantarillas y andaban por la calle a veces visibles y a veces invisibles, asustando a la gente y matando a algunas de ellas, haciendo que los perros se volvieran locos y mordieran a todo el mundo, transformando el vidrio de los ventanales en miel podrida y el agua de los baños en un líquido negro, y todos se estaban preparando para el gran asalto, el ataque final. Y esa batalla iba a ocurrir en un lugar llamado Apoquindo.

"Lo que quieren es matarlos a todos", me dijo el pokemón, y me explicaba que los villanos se iban a subir con sus armas a una micro en calle Apoquindo y que dispararían al mismo tiempo que todos los fantasmas que en ese instante estarían subidos a todas las micros y todos los trenes y todos los automóviles del país disparando y explotando. Había varias hojas donde había tratado de dibujar la batalla, pero estaban todas negras: al querer ir dibujando más cosas encima, "balas y más balas", se había transformado todo en una nube negra donde, muy pequeña, aparecía una manchita verde que era todo lo que quedaba de su héroe.


"Pero eso todavía no pasa", me dijo para terminar, "y tengo que hacer que pase y que el héroe los salve, pero todavía no se me ocurre cómo". Yo terminé de escucharlo, y tuve ganas de leer la historia completa, pero sabía que para eso simplemente tenía que ir a los diarios y a los archivos de prensa a buscar la historia de la balacera de Apoquindo. Y ahí supe que el niño no se había inventado la historia, y tanteé sólo un poco las noches de relatos que habían cavado un nido de balas y rencores en su cabeza. "¿Quién te inspiró?", le pregunté.

"Mi abuelo", me dijo. Apuntó al techo. Recuerden: La Florida, una de esas casas nuevas de tres pisos en barrios aspiracionales y pobres. "Mi abuelo estuvo en la micro y me contó que se escapó disfrazado para que no lo mataran."

"¿Tu abuelo era una de los civiles en la micro?". No, hizo con la cabeza. "¿Era lautarista?" No. Igual que ustedes, yo no quise creerlo, pero entonces tuve que preguntar. "¿Tu abuelo era paco?"

Se quedó mirándome, pero al final volvió a hacer que no con la cabeza. "Mi abuelo era uno de los fantasmas", me respondió.

No quise decir nada. No quiero, ahora, mentirles. No recuero si se me erizaron los pelos o alguna de esas reacciones físicas que en los relato se utilizan como recurso para hablar del miedo. No tuve miedo, porque aunque todo parezca tomar derroteros fantásticos, la realidad es la realidad y no el delirio. Y este país es un país ordenado y sin pesadillas, y no existen fantasmas grises y fantasmas negros avanzando cada día con nosotros en las calles susurrándonos los ecos del pasado de sangre y del futuro vacío y blanco, y es mentira que el destino de nuestro país y nuestro continente sea un baño de sangre, y que sea un destino que ya haya ocurrido. No tuve miedo: simplemente me quedé esperando que la hermana de mi amiguito artista subiera a buscarme al segundo piso porque nos teníamos que ir. Ojos verdes hermosos, pelo rubio sin ser de clase alta, sin haber tenido que pasar salvo por casualidad por avenida Apoquindo en la comuna de Las Condes. Carla, le dije, dime algo. Tu abuelo. ¿Tu abuelo es de derecha o de izquierda?

Ella usó esos magníficos ojos verdes para mirar a su hermanito con cara de enojo, para mirarme a mí con cara de hielo, y luego me respondió: "eso no importa, Medrano. En esta casa no hablamos de política."

domingo, 10 de mayo de 2009

"Niñas araña", de Luis Barrales: la violencia detrás de la sonrisa flaite

Fui a ver la obra "Niñas araña", del joven dramaturgo chileno Luis Barrales: la ficcionalización de un caso policial real, mostrado agotadoramente por mis colegas periodistas de los medios. Se trata de tres preadolescentes bautizadas públicamente así por robar departamentos en edificios del barrio alto a los que llegaban trepando por las ventanas.

Un hecho tan literariamente potente no podía sino interesar a Barrales, que según he leído es el autor que más textos propios ha logrado ver en escenarios este año. El material básico está ahí: la tremenda violencia de la desigualdad entre estas niñas y sus víctimas/victimarios invisibles, el contraste que corre a muchos niveles: el departamento y el campamento, la comodidad y la desesperanza, el tarro de kentucky fried chicken y el sushi que encuentran y no les gusta (pero lo prueban disimulando su asco, porque "lo comen las de la tele", en una de las escenas clave).

La imagen potente, sin embargo, es sólo el principio para Barrales. En una hora y media la situación de las tres ladronzuelas se transforma en una metáfora de todo lo que duele en las últimas dos décadas de éste país: el deseo/imposición de trepar; la alegría falsa de la televisión, la violencia institucionalizada, aceptada, buscada y sufrida, física y simbólica; las migraciones campo ciudad, la inflación, la lucha de clases instalada en el lenguaje y en las batallas semióticas, las fracturas en la historia sexual antes de cumplir los 18, el culpable brillo del papel couché, las interminables y precarias discusiones locales sobre política, economía, psicología aplicada. Más aún, logra anclar eso no sólo en un contexto histórico reciente y difícil de tratar sin caer en lo panfletario o lo poco perdurable, sino también en un un lugar, esta misma ciudad inmensa y fragmentada en comunas inter-cercadas, esta habla chilena que es una guerra de contraespionajes entre los lenguajes cultos, incultos, formales e informes, resistentes y conquistados.

Como esto no es una crítica, no me extenderé sobre los méritos de la puesta en escena ni del texto ni me extenderé en las ya elogiadas actuaciones de Isidora Stevenson, Daniela Jiménez y especialmente Cecilia Herrera como la inolvidable Yasna. Podría extenderme sobre la vez en que anduve con una chica llamada Yasna, en el colegio, cuando todo era más sencillo, pero prefiero contar una sola cosa para terminar. Cada minuto, cada diálogo, cada línea del monólogo, tenían una carga increíble de violencia, de tensión y de ira. Mezcladas a veces con ternura, con desolación, con desamparo, pero sobre todo violencia y rabia. Y sin embargo estábamos cagados de la risa la mayor parte del tiempo. A la salida, la conclusión era que la mitad de la risa extraña se debia a la acertada decisión (también podríamos decir talento) del autor de utilizar elementos de comedia y farsa para quitarle solemnidad a los momentos más terribles. Pero la otra mitad de la risa del público (y esto lo medí claramente) era por lo flaite que hablaban estas locas. Nos reíamos, los asistentes que por lo bajo éramos clase media media algo más ilustrada que lo usual, igual que nos reímos de Rosa Espinosa, del lenguaje pintoresco de los vendedores de la feria, de las malas caricaturas de flaites que aparecen en los programas fachos de televisión, de la gente que tiene nombres gringos y apellidos chilenos. ¿Podemos negarlo? Nos da risa cuando a alguien "se le cae la ce hache", con una risa implantada en el ADN cultural de nuestra nación.

En una entrevista que pillé por ahí, Barrales se hace cargo (o al menos lamenta no poder hacerse cargo) de la brecha entre teatro para élites y teatro popular, lenguaje para élites y lenguaje popular, y de lo difícil de transpasarla, además del consabido debate artístico sobre la apropiación del lenguaje popular, un lenguaje finalmente ajeno. Yo creo que en "Niñas araña" esa risa violenta era el pilar, la demostración, el núcleo de la obra, la moraleja de la que no me pude olvidar mientras salía del teatro, pasaba al lado del Mapocho, me tomaba una chela en la calle de los artistas de la tele: cuando se juntan dos mundos tan distantes, el resultado más probable es violencia y crueldad.



Nota al pie: Al principio creí que mi entusiasmo con el texto se debía a que nunca voy al teatro, pero luego averigüé que Barrales sí ha sorprendido a todos con su poética y sus montajes. Pero en este caso "todos" es el mundo del teatro. No deja de parecerme extraño, por más natural que parezca a otros, esta división extrañísima de soportes, donde Barrales y Sarah Kane están comentados en la misma sección de los suplementos que las obras de Cristina Tocco y no sé quien más. ¿No tiene este tipo más en común con Bolaño, Bisama y Mellado, ponte tú, que lo que puedan tener Carla Guelfenbain y unas cuantas obras literarias vacías de ambición y calidad que malgastan las páginas de las revistas de "literatura"? ¿Por qué al lado de poetas jóvenes como Diego Ramírez o Felipe Ruiz aparecen diez mil poeticastros aburridos y no Barrales, o ya que estamos, no aparece la promisoria escena del cómic nacional, los guionistas fantásticos que están buscando en las raíces de lo actual y real la materia de sus historias? Creo que eso no se sustenta mucho más: la diferencia entre los géneros tiene que dejar paso, más pronto que tarde, a una brecha entre quienes tienen ambición, calidad, sudor-y-sangre en sus obras, independientemente del soporte, y quienes sólo son poetas porque escriben en verso, músicos porque el papá les compró la guitara, escritores porque "aman al libro". Para ellos un aviso: la poesía, literatura, epifanía o como quieran llamarlo, no está en el soporte. Está en la ambición de volarte la cabeza, abrirte los ojos, despertarte de la confusión, devolverte a ese lugar secreto. Lo demás es paja.

domingo, 19 de abril de 2009

De cuentista a guionista: el proyecto "Los que no vuelven"

Para casi-casi completar la historia de los escasos relatos que he publicado, va un resumen de los vericuetos de mi historia favorita. Se llama "Los que no vuelven", es muy íntima y breve, y está ambientada en el Chile del año 2030.

Creo que no voy a contar nada del cuento en este post, salvo que hay agua por todas partes, y que los referentes directos fueron "Un mundo sumergido" de Ballard, el video clip de "Pyramid Song" de Radiohead (aunque vi el video después de escribir el cuento, pero eso da lo mismo) y la primera página de "El americano impasible" de Graham Greene. Bueno, eso y mil cosas más, como es usual, porque la creación es siempre un acto colectivo.

Terminé de escribirlo gracias a la inestimable ayuda de Luis Saavedra Vargas, director de un heroico fanzine de esos tiempos, pero el cuento fue finalmente publicado en el segundo número del e-zine TauZero, dirigido por Rodrigo Mundaca.
El enlace para leer el cuento va acá: "Los que no vuelven" en TauZero.
El segundo paso para este relato vino cuando fue antologado en el libro Alucinaciones.txt: Literatura fantástica chilena para el siglo XXI (donde también aparecieron Jorge Baradit, Álvaro Bisama, Alejandra Costamagna y muchos otros). Mi cuentito cerraba el libro, lo que está muy bien para ser una historia que habla de finales pero quizás también de nuevos comienzos.

El tercer paso y actual, el que me tiene más entusiasmado, vino de mano del cineasta Raúl Pinto (vean su reel!), que llegó con la idea de transformar "Los que no vuelven" en su tercer cortometraje. Y quería que yo mismo escribiera el guión.

Así que nos lanzamos... RP pre-produciendo y dirigiendo la re-escritura de la historia, yo pisando el acelerador en todo lo que he leído y hecho sobre guiones. El resultado es que ahora un breve cuento de pocas páginas ha pasado a ser el Proyecto LQNV, hay actores, directores de fotografía, arte y muchas cosas más comprometidos con esta empresa, y estamos aguardando la llegada (o no llegada) de fondos para la producción en sí.
El blog de esta producción está en losquenovuelven.com.
Y, por supuesto, están todos invitados a enterarse de los detalles y mil referentes que iremos posteando sobre la producción: fotos, videos, inspiraciones, y-un-largo-etcétera. Si todo sale bien, podría estar listo en algún momento del 2010 (año del Bicentenario del Chile Republicano y fecha clave en la historia).

Eso es lo que hay hasta ahora de un pequeño texto que me ha valido el aprecio de lectores y amigos muy diferentes, y que me ha ayudado a ver que escribir es una forma de encontrar (a trevés del desajuste de los sentidos o de la contemplación calmada, depende del autor o del momento), un lugar común que no sabíamos que estaba ahí: un lugar donde te encuentras con otras personas (lectores, co-autores, colaboradores, amigos finalmente) y sonríen porque los dos estaban pensando en lo mismo: quien haya escrito las líneas al final es indiferente, si todos habitamos la misma ciudad-relato-historia. Escribir como una forma de llegar, desde la soledad, hasta el contacto.

Los dejo con la portada del proyecto y, por supuesto, les pido que crucen los dedos. ¡Gracias!


domingo, 5 de abril de 2009

"No me miren", relato pulp antologado por la AEFCFT

En el Museo de Bellas Artes una vez encontré algo que me rodeó y me golpeó: una sala cuyas paredes estaban recubiertas de ojos impresos, de diferentes colores. Y yo estaba adentro. La obra (googleo hoy) es de la artista Bernardita Vattier y me impactó tanto porque fue la concreción material del espíritu de un relato corto que había escrito y terminado hacía no mucho tiempo: el temor a los ojos, la famosa cita de la noche como un monstruo hecho de ojos.

Se ha escrito demasiado sobre los ojos y la mirada, tanto que mi verso favorito al respecto es ese de Lihn que dice "no hay nada que ver en la mirada". Como si no fuera suficiente todo lo que se ha dicho, me propuse hacer un aporte al tema y crear mi propia historia asimoviana de detectives y ciencia ficción orgánica. El resultado, como tantas cosas de esos días, es fallido y algo infantil, para nombrar sus defectos, pero tiene cierto gustito pulp que quizás no hubiera logrado si me lo hubiera propuesto. O sea, como lo hice en serio y salió mal, es kitsch auténtico.

Como sea, éste es el cuarto cuento que he publicado, y su breve itinerario es así: el escritor argentino Sergio Gaut Vel Hartman me solicitó publicarlo en el e-zine Axxón, y yo acepté honrado: su título fue "No me miren". Tiempo después dio otro salto: la gente de la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror, a.k.a. AEFCFT, decidió antologar el cuento en el libro "Fabricantes de sueños 2006", una edición anual que recopilaba los mejores relatos de los tres géneros publicados en español, tanto en medios impresos como digitales.

Por esas curiosidades y corrientes marinas del Océano Atlántico, sólo hace muy poco tuve el libro en mis manos (gracias, Gabriella Campbell!), y debo decir que estoy muy agradecido de la AEFCT y de la Asociación TerBi (que fue el grupo encargado de la selección de textos para ese año en particular). También es un honor extraño compartir la solapa con los nombres de gente con tanta historia como Elia Barceló y Gaut Vel Hartman.


La portada del libro me encanta: es pulp, anacrónica, brillante y anaranjada. Los cuentos (al igual que el mío) hablan de un futuro ya muy antiguo, y como le gusta decir a mi amigo Carlos Gaona, actualmente no hay nada más viejo que el futuro. Creo que la dicotomía viejo/nuevo es un velo que oculta la forma verdadera del tiempo: espejos donde lo eterno se toma de la mano con lo efímero y lo efímero con lo circular. Creo también (mientras releo el cuento y me pregunto en qué diablos estaba pensando cuando ponía este cliché, este otro personaje acartonado, este diálogo de opereta cincuentera), que no puedo dejar atrás de este texto su profusión de ojos, esos objetos que nos obsesionan como desde dentro y fuera de la realidad. Es decir, están en el mundo, pero también están fuera del mundo, observándolo todo. Miran y son mirados en la misma idea y vuelta, son objetos y sujetos del deseo, y mil espejos más.

Podría decir mucho más, pero mejor me detengo y me pongo a imaginar algo mucho más sencillo, una historia de detectives en cuartos cerrados. Eso hice el 2005, y si alguien quiere leer el relato, acá está: "No me miren" en Axxón: un cuento de detectives sobre la razón y la timidez.

domingo, 16 de noviembre de 2008

La nostalgia no es la respuesta

Conversábamos ayer con Miguel Ángel Ferrada, la cabeza detrás del proyecto de recuperación de "El Siniestro Doctor Mortis", a propósito de las pajas de la izquierda, de los poetas, de los licenciados en literatura que se leen entre ellos, de la presencia de Ismael Serrano en el concierto de los cien años de Allende. Mi punto: Serrano es una especie de Arjona de la whizquierda, pero su pecado principal no es su cursilería ni su poco talento, sino esa especie de nostalgia sensiblera que hoy hace furor entre los huérfanos de las antiguas luchas de la izquierda.

Acá hay que entrar a delimitar cosas. El pasado no está muerto, de hecho ni siquiera está pasado (eso lo dijo Faulkner, creo). La primera noche de esta celebración sobre Allende me tocó a ver a la talentosa hip hopera Anita Tijoux cantando una versión muy especial de El Gavilán, de Violeta Parra. Violeta Parra está siendo revitalizada no por una adoración al pasado que se fue y que era tan lindo y que no podemos tener de nuevo. Está siendo recuperada porque su obra es furiosamente vigente, su desgarro rabioso es el nuestro y sus ganas de cantarle a la belleza del mundo incluso en medio de su dolor son nuestra estrella. No pasa eso con Serrano, cuyas lyrics se masturban con el recuerdo de formas, estilos de ropa, gestos de la antigua izquierda, ésa que no pasó de moda sino que fue asesinada con balas reales, ésa cuyas propuestas y críticas, aún vigentes, otras personas están llamadas a replantear en la urgencia de estos días.

Con Mortis, de Ferrada, ocurre lo mismo. En algún momento estos artistas inquietos asiduos al género gótica bucean en la historia, buscándose a sí mismos, viendo qué hay más allá de los vampiros y de Lovecraft, y encuentran en la historia nacional a un desquiciado autor de radioteatros e historietas que tuvo grandes audiencias con sus cuentos de terror y una voz retumbante que era tan cliché que debía portar algo nuevo. Esto es terror, esto es Chile, un país donde no somos huérfanos sino que tenemos precursores. El grupo de Ferrada comenzó desde entonces a republicar los comics del Siniestro Dr. Mortis, creador originalmente por Juan Marino.

¿No es una contradicción encontrar esta figura del pasado y volcarse sobre ella? Podría ser, en muchos casos lo es, para muchos licenciados en literatura que se vuelcan a sobrevivir utilizando fondos de cultura para republicar facsímiles que nadie leerá sobre figuras quizás justamente olvidadas, sí. Probablemente soy muy severo, pero como creador siento que se pierde mortalmente el tiempo haciendo eso. Habla Ferrada: "Yo nunca leí Dr. Mortis cuando niño, sino que lo encontré en la adultez, así que esto no es un ejercicio de recuperación nostálgica de la infancia perdida e idealizada". El grupo así lo entendió, y junto a Carlos Reyes crearon una serie de iniciativas que apuntan hacia los dos lados: la re-edición de los capítulos originales del cómic del Dr. Mortis, y la creación de un magnífico comic nuevo llamado In Absentia Mortis, distribuido en red y llevado a cabo con muchos guionistas y dibujantes que dan su versión posmoderna y conspiranoica de la entidad Mortis.

Así, llegamos a una efigie del pasado que no nos hunde en el polvo, sino que abre caminos nuevos donde transitar. Recuperamos la parte del pasado que no es pasado, que está vigente (furiosamente vigente), que nos despierta como un niño venido desde el futuro. Que nos permite crear. Porque (y esto ya es algo que no sabré defender en este post) la única manera de estar en el mundo es inventando, creando una mirada nueva. Esta ética de la estética, este deber de libertad que tenemos para poder sentir que no estamos yendo al olvido, es lo que nos permite llamarnos artistas sin sonrojarnos, sin sentirnos una raza especial sobre el mundo, sin sufrir. Pero todo eso es tema de otro post.

[Lo importante: Mortis está en www.mortis.cl. Recomiendo también una columna de Álvaro Bisama sobre Mortis. Y el actualísimo In Absentia Mortis, cuya segunda temporada acaba de terminar, está en papel y en formato webcomic. Enjoy.]

sábado, 15 de noviembre de 2008

Radiohead

Dentro de seis meses viene Radiohead a Chile. Las entradas se agotaron a los dos días de lanzarse. Tengo mi Golden Circle, que salió algo cara (los conciertos en Chile son espantosamente caros proporcionalmente hablando), pero que vale la pena para ver a una de las bandas más complejas, potentes y hermosas que haya conocido. En sus dos etapas: la primera, que le dio al moribundo Grunge una repasada que dejó influencias por el resto del mundo, y la segunda, que dejó a los fans atrás (y a muchos afuera), avanzando a lugares desconocidos pero aún llenos de esa angustia dolorosamente lúcida que los caracterizó siempre.

Inteligencia Y sensibilidad, sensatez Y sentimientos. Thom Yorke, en una antigua entrevista, contaba cómo su canción Street Spirit nacía de la aplastante certeza de que la oscuridad vencería sobre todo, y cómo ese sentimiento lo aplastaba sin remisión. En el video clip de "Pyramid song" retoma la vieja historia que Bowie contaba en "Space oddity", donde el astronauta llega al punto sin retorno (ese punto en un viaje hacia el vacío donde te sale más fácil seguir adelante que intentar volver), pero en clave submarina. Recuerdo haber visto ese clip poco después de terminar mi cuento "Los que no vuelven" (publicado en Alucinaciones.txt), en lo que podría considerarse una inspiración a posteriori.

Para mí, Radiohead es la historia de alguien que prefiere mantenerse lúcido y no cerrar los ojos ni gritar para contemplar el lado oscuro de la vida: una especie de alegría y de coraje tranquilo en medio del Maelstrom.

domingo, 26 de octubre de 2008

Ideas sueltas tras grabación con Ana, Baradit, RP y Bárbara

El escenario es la tranquilísima comuna de Ñuñoa a pleno sol un sábado a mediodía, los actores son mi amiga Ana Rodríguez y mi amigo Jorge Baradit que están corriendo como locos detrás de la cámara de Raúl Pinto y el auto de Bárbara Cano. Época actual, pero todos estamos imaginando que es 1976, año donde transcurre “Synco”, la novela que Baradit va a lanzar en un par de semanas y de la que se ha hablado más que bastante en la prensa nacional.

No es el 1976 oficial el que estamos recreando, por supuesto, sino un 1976 alternativo, socialista, cibernético, stereopunk. Un 1976 donde el horror de la dictadura ha sido cambiado por un horror más metafísico. Y donde todo es tan absurdo que parece un sueño del que nadie quiere despertar.

Es un libro destinado a best seller donde los personajes tienen el mismo nombre de personajes históricos, varios de ellos todavía vivos: Altamirano, Pinochet, el cada vez más poderoso senador Fernando Flores. Baradit lo escribió en su edificio que está a unas dos cuadras de acá, mientras oía el llanto de su hijo Gabrielito y paseaba entre los dibujos de la Ángela González, su esposa. Viéndolo correr disfrazado bajo el sol me pregunto, como siempre, de donde saca energía este tipo.

-Había otros escritores con años de carrera firmando cerca de mí, cuando salió Ygdrasil –me contó Baradit al lanzar su primera novela-. Y los tipos miraban casi con cara de asco la silla, lateados a priori de firmarle copias a personas que querían leer lo que ellos habían escrito. Tenían esa mentalidad hueona de no jugársela por lo que hacían, de intentar creer que no importaba, de no comprarse el cuento. Yo andaba con poleras de mi novela ese día y me daba lo mismo.

De eso hace tres años. En este tiempo Baradit ha sido reeditado en España, ha avanzado en la escritura de “Atacama”, la prometida precuela de Ygdrasil, y se desvió para volver a remezclar toda la cazuela que tiene en su cabeza en un libro que no podrá sino obligar a parte de la inteligentzia cultural chilena a mirar de frente un espejo. En un país donde el miedo y la soledad nos tienen escribiendo sobre nuestros paisajes interiores y filmando nuestras habitaciones vacías, los delirios multiculturales y artísticamente incorrectos de Baradit han golpeado e inspirado a pendejos afines a esta época, extrañado y apenas rozado a perros demasiado viejos para los trucos nuevos, y sorprendido a unos pocos con el ejemplo de que reciclando y copypasteando es como se pueden crear cosas nuevas.

Así que acá estamos, disfrutando de una pausa en el estacionamiento donde Raúl enfoca con su ojo de exactitud y sensibilidad milimétrica a Ana (que a estas alturas tiene una máscara de metal en la cabeza). Todas estas secuencias serán después distorsionadas, ensuciadas, reunidas con documentos históricos de Pinochet y Allende con el audio cambiado, y finalmente liberadas en YouTube como un trailer de un minuto para difundir más la noticia del lanzamiento del libro. Con Ana nos reímos recordando su primera incursión en el video arte compartiendo pantalla conmigo para un trabajo perdido en la U, luego Ana se ríe viendo a Baradit deslizarse recordando sus tiempos de tai chi, tanto que tenemos que caminar a la esquina para que Raúl haga su toma tranquilo. Hablamos sobre el artículo donde Forn, el escritor argentino, mencionó a un chilenito de veintipocos años que escribía la novela Synco y citaba un pasaje para probar que era un bastardo de Bolaño. Hablamos del tipo de recepción que podría tener su novela, del diálogo que yo echo de menos en este círculo cultural obsesionado por la figura del literato más que por la literatura misma, de la serie Los Ochenta, de la próxima venida del Comandante Adama (el actor Edward James Olmos) al festival de cine de Viña.

Cuando por fin estamos listos, le prometo a Jorge escribir una crónica sobre esta mañana. Una crónica imperfecta, porque hace tiempo que no escribo crónicas y que mi voz se pierde entre muchas cosas. ¿Y es tan terrible si algo que haces no sale perfecto? Obvio que no, me digo, pero viendo llegar a Ana y Raúl con la tarea hecha, acalorados y esbeltos, lo entiendo un poco mejor. Y pienso en la película que Raúl planea, las entrevistas que hace Ana con su videocam en un cuarto blanco, las nuevas creaciones que esperan a Baradit después del paréntesis de Synco, y saco una conclusión sentida: la vida no es larga. La vida es breve, mucho más de lo que pensamos. Ana se saca la blusa y pone los ojos de risa que son su marca registrada, Raúl y Bárbara se abrazan, Baradit y yo nos levantamos del pasto donde recibíamos el tibio sol de Ñuñoa, el ojo del huracán desde donde asomarse a la tormenta y luego volver a la quietud. Tomamos el ascensor y con Ana pensamos lo mismo: ojalá pudiéramos ver el puto trailer ahora mismo. Ojalá el futuro llegara ahora mismo, sucio y lleno de risa, sin la inmaculada perfección de las cosas en potencia que nunca llegan a su fin.

P.S: Lo que importa: Sigan el BLOG de Baradit, el grupo en Facebook para Synco, y el canal en YouTube para los trailers.

domingo, 3 de agosto de 2008

En Chile no pasa nada

La frase viene de una conversación con mi amigo Baradit, y habla de la industria cultural. Lo dijimos recordando la recepción crítica que tuvo el libro Caja Negra, de Álvaro Bisama, que encontré uno de los mejores y más arriesgados libros chilenos recientes. No es que haya leído mucho de autores nacionales, pero a cada vuelta que me doy ante alguno que parece que podría ser bueno, cuesta encontrar algo nuevo/valiente/bueno.

La crítica a Caja Negra fue atroz no por negativa ni por escasa, sino porque no comprendían nada, no querían comprender. Se quedaban en un naftalinoso "qué vanguardista es deconstruir la novela", como si el aporte del libro fuera tener capítulos aparentemente inconexos. Qué bueno, qué raro que se hagan novelas ashí locash, etcétera.

Algo parecido ocurre con la recepción crítica a la obra de Diego Ramírez, poeta y autor de libros increíbles como "El baile de los niños", aunque su caso no ha sido tan extremo como el de Bisama. Al hablar de él siempre se menciona la censura, la diferencia que marca la homosexualidad de su autor, más lugares comunes sobre la diferencia y la majadera lectura de la resistencia micropolítica (o microresistencia política, as you like it).

Todo eso en un escenario donde el snobismo, que casi por definición es inextinguible, tiene tanta fuerza que logra gritar más fuerte que los pedazos de realidad en medio de todo. Se alaba lo multidisciplinario sin exigencias, lo veloz sin sustancia, el grito sin desgarro, el dolor sin razón de ser, la censura de la alegría sin vergüenza, la inocencia artificial y el trabajo fuerte, concienzudo, de la figura siniestra del gestor cultural. Y así nos va: hay artistas que se nos van, artistas que se nos mueren de hambre o de desidia o de formularios en las ciudades.

Tenemos dos opciones: irnos a un país extranjero o irnos a la playa, con un notebook con buena banda ancha, para estar más en contacto con una escena real, rica en contenidos, en riesgos y también en éxitos. Porque el endiosamiento del fracaso nos tiene realmente hasta la coronilla. Niños bellos, recuerden a Víctor Jara diciendo con sus propias palabras lo que Borges siempre decía: "Canto que ha sido valiente / siempre será canción nueva".

martes, 27 de mayo de 2008

Lecturas

En el Foro de TauZero tenemos las costumbres de ir contando nuestras últimas lecturas. Yo añadí la costumbre de comentarlas más extensamente. Acá va un copy paste de eso, en orden inverso.
16 de mayo 2008:
Leyendo...

"Relatos del club de los viudos negros" (MORE tales of the black widowers club), del buen doctor Isaac Asimov.

En su mayoría son relatos publicados por la Ellery Queen Mistery Magazine, con exactamente la misma estructura. Un club (inspirado en amigos escritores del buen doc, como Sprague de Campa y Lester del Rey) tiene un invitado diferente cada mes (el primero es un alter ego DIRECTO y asumido de Asimov) con un misterio banal o terrible. Al final, el mozo del club siempre resuelve los casos.

Me faltan 3 cuentos para terminar. Por extraño que parezca, esta estructura repetida no cansa, sino que es un campo de juego perfecto para la inteligencia del buen doc y del relato policial clásico, ese que se resuelve sentado en un sillón sin visitar el lugar del crimen, y sin caer en sentimentalismos (como los llamaba asimov). Me gustaron mucho.

En contrapartida, estoy leyendo "América", primera parte de la brutal trilogía americana (no sé si está concluida) del brutal James Ellroy. Toda la historia en torno a la ascensión y asesinato y hagiografía de JFK, contada a través de los policías corruptos que movieron los hilos entre diferentes instituciones. Mucho cerebro y mucha violencia a la vez, en un mundo donde no hay nadie "bueno": la respuesta norteamericana al policial clásico, desde Hammett y Chandler en adelante.

Descubrí con esto que el policial se parece a la cf en que no es necesario pedirle que innove en las formas y que se reinvente cada vez. Todos los cuentos de Asimov son iguales, todas las novelas de Ellroy también, y uno quiere más y más simplemente. Toda la calidad y todo el riesgo del mundo están en esos horrores disciplinados con una estructura complaciente. Recomendables ambos.
7 de marzo del 2008
Leí Ubik, de Philip K. Dick.

Nada más que rendirse ante él. Una prosa aún más deslucida y funcional que la de Asimov, en realidad una prosa efectiva y veloz que nunca entrega nada del narrador. Pero siempre el miedo, y siempre la capacidad dar vuelta todo, una vez, dos veces. Por la solapa de mi edición (Factoría de ideas) me entero de que la LeGuin consideraba a Dick "nuestro pequeño Borges patrio". Es cierto. Si Auster es Borges for dummies, Dick es el viejito entregado a todo aquello que le daba pudor, con las alas de la mente cortadas. Un Kafka en ácido, dijo Bolaño sobre él, pero creo que se trataba de anfetaminas llevadas hasta el extremo de provocar alucinaciones mucho, mucho más abajo de los sentidos. Las voladas lisérgicas visuales/auditivas/gustativas son una mierda que no tiene nada que ver con esto, algo que se retuerce en la raíz misma de la realidad.
Totalmente recomendable.
24 de febrero 2008
también leí:

"Jazz Blanco" de James Ellroy. Es la continuación de "L. A. Confidencial", y es LA RA JA. Ellory es de mis nuevos autores favoritos. Voy a leer todo de él, aunque no cambie, aunque no innove en su propio estilo. No tiene para qué. Creo que ese es de los mejores elogios.

Leí:
"La traición de Borges", de Marcelo Simonetti. Demasiado entretenida, una especie de homenaje al viejito tal como "Ardiente paciencia" (aka El Cartero) de Skármeta es un homenaje a Neruda. La diferencia de envergadura es la misma diferencia entre Neruda y Borges. También, para un fanático del viejito, se queda, se pierde, es un homenaje superficial. Pero está lleno de una inteligencia tranquila, mmmh... ¿madura? ¿En paz con la vida y con el viejito? Entiendo que el autor (chileno, periodista) no lo planteó como un homenaje ni quiere especialmente al viejito, pero sabe jugar su juego bastante bien. Recomendable.

Leí:
"Bonsái", de Alejandro Zambra. Absolutamente olvidable. Bonita, sí, bien escrita, leve, mínima. Siguiente autor, por favor.
Ah, y le jugaba en contra cierto snobismo, que relacioné de inmediato con la columna que tenía Zambra en el Clinic burlándose de gente que había pretendido escribir. Disfrutaba esa columna, especialmente cuando se burlaba de Neruda, pero creo que cuando se habla en serio se requieren mejores argumentos para burlarse de Neruda.

Y leí: "El informe cronocorp" de Miguel Ángel López Muñoz, ganador ex-aequo junto a Baradit del XVI premio UPC, junto a "The end of the world", de Kristine K. Rusch, también incluidos en el libro. Lo de López Muñoz me pareció correcto, legible, bien armado, clásico. Oficio, pero olvidable. Lo de Rusch, anterior ganadora del UPC, me pareció una mierda. Nada, pero nada nada que rescatar.

Leyendo:
"Cuentos completos II" de PKD. Me he encontrado con cuentos regulares, pero siempre con algo rescatable. No están a la altura de otros geniales cuentos de él que he leído, y entiendo que es porque son de su primera época.

el cuento de Gaut vel Hartman en el UPC. Partió excelente, y tuve que interrumpir la lectura. Gaut sabe escribir muy bien, es inteligente y misterioso. He leído un par de excelentes cuentos de él (uno premiado por TZ), y varios otros muy malos. Creo que éste terminará bien.

ese mismo día comenté Caja Negra, de Bisama
Leí:

"Caja Negra", de Álvaro Bisama. Excelente, me gustó mucho. ¿Horror semiótico? ¿Existencialismo semiótico? ¿Pop poli-textual? La novela de alguien herido por el lenguaje. Magníficos momentos, vertiginosa, brillante. Imperfecta, oh sí.

Repaso mentalmente las críticas que leí por ahí y ninguna le hace justicia, y ahora comprendo a Bisama cuando se manifestaba decepcionado de la recepción crítica. Ni siquiera pensando en esa estupidez que salió en LUN acusándolo de no ser una novela (por lo demás, claramente tiene ejes estructurales súper claros), casi todos se quedan en la categoría de experimental del libro. Creo que los lectores que hemos disfrutado con las historias hemos sido mucho más honestos que todos estos críticos. Una bomba latiendo en el lenguaje, oh sí. Si me apuran y me pillan prendido, diría que éste sí es el tipo de novelas que Borges habría escrito, pero hay que mantener las proporciones.

Fue simpático encontrar las referencias a Sandman (que en la versión de "Bunker Palace Bar Neón" de Años Luz aparece sin cambios de nombre), y a varios video clips, entre esos el de "Just" de Radiohead. Y mi polola amó la reinterpretación de la cita de Tori Amos. Por otra parte, me sentí muy identificado. Si escribiera un libro ahora, lo subtitularía "Una historia de fantasmas" también.
23 de enero 2008
Terminé de leer "Intimidad", de Hanif Kureishi. Un largo monólogo-recuerdo de un tipo que pretende dejar a su esposa y sus dos hijas al día siguiente. Inglaterra, pakistaní, escritor, frustradísimo. Igual no decaía, pero finalmente no me convenció.
7 de octubre 2007
Hola, he estado atrasado, pero acá van mis últimas lecturas:
"Mantra", de Rodrigo Fresán: sobrevalorada.
"Identidad Suspendida", de Sergio Amira: magnífica y muy bien escrita.
"Memorias de una pulga en el s.XX": chistosa, con una gramática flaitísima.

Ahora leyendo: "Miguel Enríquez: el rebelde de la burguesía", de Daniel Avendaño y Mauricio Palma.
y de ahí mismo:
Leí de un tirón "Identidad Suspendida", de Sergio Amira, y debo decir lo siguiente, dejando en claro que estoy usando el parámetro de lectura totalmente objetivo, y que a esto no se aplica ninguna de esas consideraciones atenuantes sobre defectos en la calidad como "en su contexto", "para ser su primer libro", "un aporte", etc.

"Identidad Suspendida" es una novela magnífica. Entretenida, escalofriante, llena de humor, muy inteligente, profunda y muy bien escrita. Leí hace poco la premiada y comentada "Mantra", de Rodrigo Fresán, y me sorprende la disparidad de calidad entre ambos libros. IS supera ampliamente a Mantra en casi todos os parámetros de lo que es un buen libro, y espero pronto que algún editor serio se de cuenta.

Además, conociendo el material que tiene Sergio, que no se agota en el estilo y la ambientación desplegados en este libro, espero que éste sea sólo el comienzo.


lunes, 7 de abril de 2008

"Los dos soles del ocaso", quinto relato publicado

Hay gente que sueña con el principio, hay gente que sueña con el fin. Yo soy de los que sueñan con un mismo evento que podría parecer el fin, pero que si lo miramos bien (si lo interpretamos bien) es en realidad un principio. Pero no un principio para nosotros: la muerte nuestra es el nacimiento de otra persona, otra que quizás ocupe nuestro mismo cuerpo y nuestro mismo rostro. No la voz. La voz siempre es diferente.

Todas estas ideash locash ashí para decir que transformé una de mis visiones (conversaciones, o voladas, o preguntas) en un relato profético sobre alguno de nuestros posibles finales. Dios aparece ahí. Dios y su amor, su fervoroso amor, su aplastante amor. Mis amigos saben que soy agnóstico. Algunos de ellos saben que he rezado un par de veces. Hear the softly spoken magic spells, cantaba dulcemente Dave Gilmour en The Dark Side of the Moon.

Las palabras mágicas no salieron muy mágicas, hay que decirlo. O sea, es un cuento fallido, dañado por la cursilería y la indecisión. De todas maneras le gustó al indulgente Luis Saavedra, mi primer editor en la vida, quien lo incluyó, bajo el pinkfloydiano título "Los dos soles del ocaso" en la selección de cuentos chilenos de ciencia ficción que se transformó en un número especial del e-zine Alfa Eridiani, concretamente el Erídano 16 (pdf). Sería el quinto relato publicado en la vida. Si alguien desea leerlo tendrá mi gratitud por alimentar mi vanidad y mi maltratado ego, lo que puede no ser tan malo como parece. Ojalá les guste.

p.s.: El especial incluye relatos de Jorge Baradit, Sergio Amira y Carlos Gaona entre muchos otros.

lunes, 31 de marzo de 2008

Muere Hugo Correa, aparece la CF chilena en Revista de Libros de El Mercurio


Hugo Correa, un viejito con pinta de funcionario público, murió la semana pasada. De inmediato ha sido ungido como lo que fue: el más destacado escritor chileno de ciencia ficción. Representante del optimismo de la edad de oro (décadas de 1950 y 1960), escribió una obra extrañísima como primera novela. En "Los altísimos" (1959) todo parte cuando alguien (un chileno común y corriente) despierta y no sabe dónde está.

Bueno, ¿quién de nosotros sabe dónde está parado en este instante?

En el libro, el protagonista busca una respuesta y la encuentra muy luego, pero pronto descubre que la respuesta no es cierta, y que la verdad es mayor y más terrible. Pero esa verdad también es mentira, y la nueva verdad... El proceso sigue hasta llegar a una mentira del tamaño del universo, y nunca sabemos donde estamos.

Se me ocurre (aunque por supuesto que debo estar equivocado) que Hugo Correa quería ser un escritor realista, o de misterio, o incluso de policial, pero la máquina de escribir se mandó sola (o esa ilusión y excusa le dio) y terminó ordenando, clasificando y estructurando su propia locura de funcionario provinciano hasta que ésta se tomó el libro y listo, tenemos una vieja gloria de la literatura científica hecha de alucinaciones.

Murió Correa y a la semana siguiente apareció en una página completa del Artes y Letras de El Mercurio (en su sección Revista de Libros) el siguiente artículo sobre ciencia ficción chilena, próximos lanzamientos y una revisión del concepto de CF latinoamericana, cortesía del brainstorming de Jorge Baradit. Disfruten la captura:


martes, 11 de marzo de 2008

Red still is the colour


Entonces ves este fotograma y te despeñas contra su belleza. ¿Qué haces?
Y si te la encuentras en una micro, y no es ella, pero es una muy cercana, ¿qué haces?
Y de pronto la encuentras por azar en la vida real: una roja tormenta dormida. ¿Qué haces?
La pregunta es para ustedes. Yo ya me la respondí hace tiempo.

Red still is the colour.

lunes, 3 de marzo de 2008

Revista TauZero de literatura fantástica y CF saca su número 24

La revista chilena TauZero, dedicada a la divulgación de la literatura fantástica, la ciencia ficción y el pensamiento escéptico, que publicó un cuento mío en su número#2, acaba de lanzar en línea su edición #24. Con una excelente portada de Carlos Eulefí, trae entrevista a Alastair Reynolds, Henri Croch y un abundante reporte de la WorldCon de CF celebrada en Japón, donde se entregó el último Premio Hugo. Recomiendo bajar gratis el número #24 de TauZero antes de que explote el universo. Porque la vida es corta. ¿O la vida es larga?

viernes, 29 de febrero de 2008

Los tumblr de Enkeli y Baradit

Las dos fotos acá al lado aparecen en los tumblr de Jorge Baradit y Angela "Enkeli" González. Un tumblr es una forma rápida de bloguear (¿fotologuear?) imágenes al navegar por la red. El resultado: ultraveloces bitácoras pictóricas que permiten asomarse a las retinas de los autores-mirones-comeimágenes: sus costumbres, sus desvíos visuales, su sensibilidad, en suma.

Links: http://cybergurololita.tumblr.com y http://baradit.tumblr.com/.

martes, 26 de febrero de 2008

Mike Wilson lanzará su novela de cf-slipstream: "El púgil"


Mike Wilson es un profesor de literatura gringo/argentino/chileno que habla el castellano con un extraño acento. Hace clases en la UC, y para el lanzamiento de la antología Alucinaciones.txt se mandó un increíble explicación (más llena de preguntas que de respuestas, por suerte) sobre lo que es el género literario (o cruza de géneros) llamado slipstream.

Ahora Mike anuncia que pronto saldrá su novela "El Púgil", en cuya contratapa ya están las ilustres plumas de Jorge Baradit, Francisco Ortega y Álvaro Bisama, además del destacado escritor boliviano Edmundo Paz Soldán, quien se despacha una frase de antología:
La mejor ciencia ficción en castellano se está escribiendo hoy en Chile, y Mike Wilson es uno de sus nombres fundamentales.
Tal cual. Veremos luego qué pasa con el libro. Conociendo el sabor de los textos breves que a veces libera Wilson en su blog http://lastcitizen.blogspot.com/, lo recomiendo a ojos cerrados.

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lunes, 25 de febrero de 2008

This is the beginning (of the end)

This is the beginning (of the end), la segunda canción del disco "Year Zero", de NIN.

Este es el blog sobre arte/literatura/cine/música de su seguro servidor, Gabriel Mérida. No esperes muchas cosas interesantes, es sólo un CV en línea.

Soy escritor. También soy lector, cinéfilo, melómano y periodista, en ese orden. En realidad entre melómano y periodista va una larga lista, pero creo que se entiende el punto.

Para quien quiera una breve presentación de mi parte, copiaré la que salió en el último texto que publiqué en papel.
Gabriel Mérida (Arica, Chile, 1982). Estudió Periodismo en la Universidad de Chile. Ha publicado cuentos del género fantástico en las revistas chilenas Fobos y TauZero y en la argentina Axxón. Ha sido incluido en las antologías "Años Luz: Mapa Estelar de la CF en Chile" (2006) y en "Fabricantes de Sueños 2006" (España).
También he publicado textos breves en el blog UcroníaChile y en la revista TauZero.

Pronto se vendrán más cosas. Gracias por pasar por acá. Have a happy life.